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Bécquer, Machado y sus Musas (y 5)

Desarrollo del Ánima

        Hay cuatro etapas principales en la vivencia e integración del Ánima, en un proceso escalonado que podría resumirse así (7): La figura de Eva es la mejor simbolización de la primera etapa, la cual representa relaciones puramente instintivas y biológicas. La segunda puede verse en la Elena de “Fausto”: ella personifica un nivel romántico y estético que, no obstante, aún está caracterizado por elementos sexuales. La tercera está representada, por ejemplo, en la Virgen María, una figura que eleva el amor (eros) a alturas de devoción espiritual. El cuarto tipo lo simboliza Sofía, cuya sabiduría trasciende incluso lo más santo y lo más puro”.  

        Gran parte de las gamas del arquetipo del Ánima se proyectaron en las mujeres-musas de Bécquer y Machado, y se reflejó en sus obras poéticas y prosa. La fascinación que ejercen entre los hombres sus obras se debe, en gran parte, a ello, ya que supieron expresar con un lenguaje literario maravillosamente sencillo, entrañable, directo y emotivo, los sentimientos que despierta el Ánima en sus múltiples rostros.  Fueron maestros en la expresividad poética de lo que sucede en el componente femenino (Ánima) del alma masculina. El alma de ellos -como la de tantos hombres que van camino de la individuación– estaba desgarrada ante la disparidad existente en las mil facetas del Ánima: desde su aspecto más sensual y provocativo, hasta lo divino y etéreo. Y resolvieron tal confrontación con la ayuda del Ánima, actuando ésta como musa inspiradora proyectada en las mujeres que amaron y les enajenaron, pero también de manera plenamente autónoma.

        Y ellos lo intuyeron. Bécquer nos lo dice veladamente:

Yo, en fin, soy ese espíritu,
desconocida esencia,
perfume misterioso
de que es vaso el poeta”

….

“Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz;
soy incorpórea, soy intangible:
no puedo amarte” “¡Oh, ven; ven tú!”

        Y Machado, en boca de Abel Martín, reflexiona de esta manera: “La amada acompaña antes que aparezca o se oponga como objeto de amor; es, en cierto modo una con el amante, no al término como en los místicos del proceso erótico, sino en su principio”. O de esta otra: No es para Abel Martín, la belleza el gran incentivo del amor, sino la sed metafísica de lo esencialmente otro”.

  Notas bibliográficas

7 . -FRANZ, Marie Louise von: op. cit., pág 185.

TEXTO tomado del ensayo   LAS MUSAS DE BÉCQUER Y MACHADO de Ángel Almazán. Soria 7 Días, Serie “El Otro Lado”, 30 de julio de 1994

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