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Génesis de la Ruta de Alvargonzález (3)

Rememorando Cidones

El desplazamiento de Soria a Cidones, primera, etapa de su excursión, lo realiza en la diligencia la línea Soria-Burgos. Nos cuenta Machado: “… tomé en Soria el coche de Burgos, que había de llevara hasta Cidones. Me acomodé en la delantera, cerca del mayoral y entre dos viajeros: un indiano que tornaba de Méjico a su aldea natal, escondida en tierra de pinares, y un viejo campesino que venía de Barcelona donde embarcara a dos de sus hijos para el Plata”. 

Antonio Machado

Del propio cuento leyenda se deduce que la vía se realizó en animada conversación con sus acompañantes: “El indiano me hablaba de Veracruz, más yo escuchaba al campesino que discutía con mayoral de un crimen reciente. En los pinares Duruelo, una joven vaquera había aparecido cosida a puñaladas y violada después de muerta. El campesino acusaba a un rico ganadero de Valdeavellano, preso por indicios en la cárcel de Soria, como autor indudable de tan bárbara fechoría, y desconfiaba de la Justicia, porque la víctima era pobre. En las pequeñas ciudades, las gentes se apasionan del juego y de la política, como en las grandes del arte y de la pornografía, -ocios de mercaderes -, pero en los campos, solo interesan las labores que reclama la tierra y los crímenes de los hombres.

-¿Va usted muy lejos?, pregunté al campesino.
-A Covaleda, señor —me respondió-. ¿Y usted?
-El mismo camino llevo, porque pienso subir a Urbión y tomaré el valle del Duero. A la vuelta bajaré a Vinuesa por el puerto de Santa Inés.
-Mal tiempo para subir a Urbión. Dios le libre de una tormenta por aquella sierra.
Llegados a Cidones, nos apeamos el campesino y yo, despidiéndonos del indiano, que continuaba su viaje en la diligencia hasta San Leonardo”. 

De su estancia en Cidones, ahora y quizás en otros momentos de su paso por Soria, da testimonio el poema dirigido “Al maestro Azorín por su libro Castilla”. También indica que Machado pudo pasar aquella noche en la venta de Cidones para dirigirse de madrugada hacia Urbión: “La venta de Cidones está en la carretera que va de Soria a Burgos. Leonarda, la ventera, que llaman la Ruipérez, es una viejecita que aviva el fuego donde borbolla la marmita. Ruipérez, el ventero, un viejo diminuto -bajo las cejas grises, dos ojos de hombre astuto-, contempla silencioso la lumbre del hogar (…)”.

 La visión del pueblo la cuenta con estas palabras: “Volví los ojos al pueblecillo que dejábamos a nuestra espalda. La iglesia, con su alto campanario, coronado por un hermoso nido de cigüeñas, desea sobre unas cuantas casuchas de tierra. Hacia el camino real destácase la casa de un indiano, contrasta con el sórdido caserío. Es un hotelito moderno y mundano, no rodeado de jardín y verja. Frente pueblo se extiende una calva serrezuela de rocas grises, surcada de grietas rojizas”.

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