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Soria, ciudad machadiana (9)

10. LA ENFERMEDAD. Los Cuatro Vientos y El Mirón

El primer acto de la tragedia se produce en París el 14 de julio de 1911. Leonor tiene tuberculosis, la enfermedad más temida de la época. Machado escribiría que la aparición del mal les había herido “como un rayo en plena felicidad”.

Los testimonios de la época indican que Antonio Machado alquila una casita próxima al Paseo del Mirón por donde se le verá acompañar a su Leonor, enferma y en silla de ruedas, para que reciba el sol y el aire puro de la alta meseta que los médicos le han recomendado.

Paseo del Mirón en Soria

Escribe Mariano Granados: “Allí está don Antonio. Pero ahora empuja el cochecito donde afilada, fina, casi quebradiza, y sus manos exangües y la mirada infantil, un poco asombrada, de sus ojos que miraban ya desde la profundidad..”.

CAMINOS (CXX)

Dice la esperanza: un día
la verás, si bien la esperas.
Dice la desesperanza:
sólo tu amargura es ella.
Late, corazón… No todo
se lo ha tragado la tierra

11. LA ÉTICA SOCIAL.- El hospicio

En este lugar se encontraba el hospicio soriano que D. Antonio Machado, escritor realista y crítico, describe muy negativamente. Algunos investigadores “denuncian las malas condiciones de habitabilidad del edificio y la triste suerte de los niños que lo habitan” y la imagen de los “elementos de pobreza y decadencia inequívocos que hay en el paisaje urbano, en la ciudad” que conoció el profesor y poeta hace un siglo. Se presenta aquí “un problema de ética social” tan característico en la obra de Machado. Leamos el poema:

CAMPOS DE CASTILLA.- EL HOSPICIO (C)

Es el hospicio, el viejo hospicio provinciano,
el caserón ruinoso de ennegrecidas tejas
en donde los vencejos anidan en verano
y graznan en las noches de invierno las cornejas.
Con su frontón el Norte, entre los dos torreones
de antigua fortaleza, el sórdido edificio
de grietados muros y sucios paredones,
es un rincón de sombra eterna. ¡El viejo hospicio!
Mientras el sol de enero su débil luz envía,
su triste luz velada sobre los campos yermos
a un ventanuco asoman al declinar el día,
algunos rostros pálidos, atónitos y enfermos,
a contemplar los montes azules de la sierra;
o de los cielos blancos, como sobre una fosa,
caer la blanca nieve sobre la fría tierra,
¡sobre la tierra fría la nieve silenciosa!

Entrada al antiguo Hospicio de Soria

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