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Pepe Tudela visita a Antonio Machado en Segovia

Visita a Machado

Publicado por José Tudela en La Voz de Soria, 29-5-1923

Días pasados se organizó en Madrid un sencillo homenaje en honor del gran poeta Antonio Machado. Este homenaje consistió en una visita que sus admiradores de la Corte le hicieron a Segovia, donde Machado tiene su residencia.

Un grupo de escritores y de artistas, todos jóvenes -pues entre la juventud están los más devotos admiradores del poeta- llegó a la bella ciudad castellana para pasar unas horas en su apacible compañía. Como embajador improvisado de la ciudad hermana y de los amigos de Soria, figuré con gozo en esta visita donde todo fue cordialidad y sencilla efusión.

Juntos los amigos viajeros y los amigos segovianos, comimos a la sombra del Pinarillo, frente a la fuerte y elegante mole de la Catedral, presididos por la bondad del poeta amigo. Una comida sin brindis ni discursos, unas cuantas adhesiones de hombres ilustres y para remate de aquel amistoso ágape, la ofrenda y el regalo de una maravillosa poesía leída por Machado y escuchada por todos con el mayor recogimiento.

Después un breve y delicioso paseo por las calles y plazuelas de Segovia, un paseo reposado y tranquilo, al paso lento del poeta, después la despedida cordial en la estación y la vuelta a Madrid cruzando la Sierra de Guadarrama, entre pinares olorosos y jaras y retamas florecidas.
Y al dejar en Segovia al amigo bueno y paternal, al maestro humilde y venerable en su juventud y al excelso poeta, sentía, más que nunca, su ausencia de esta otra ciudad mía, la Soria de sus amores y de sus dolores, ungida para siempre con el sagrado crisma de su emoción poética.

Con un poco de egoísmo, de sano egoísmo, lamentaba al despedirme de él su ausencia de entre nosotros, pues Antonio Machado hubiera sido hoy en Soria, sin él quererlo ni pretenderlo, la norma y la guía de un grupo de jóvenes que hoy añoramos el manso amparo de su bondad y de su comprensión, el consuelo de su paz, un tanto melancólica y el gozo de su charla pausada, ingeniosa y cordial.

Machado, el poeta admirado y predilecto, el amigo fiel y paternal, hubiera sido además para nosotros, inconscientemente, un gran maestro, pues su corazón y su inteligencia tienen la alta y profunda intuición del universo, y por lo tanto, la virtud prolífica de hacer fecundas para el bien y la belleza a las almas que reciben los dones de su alto espíritu.

 

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  1. Antonio M. Herrera
    5 enero, 2011 en 6:33 am

    Vaya por delante mi agradecimiento y aplauso a Ángel Almazán por esta delicia periodística.

    Habito –es mucho decir que vivo- junto a la quinta que amparó al poeta durante un año y medio, desde el otoño de 1936 a la primavera de 1938, Villa Amparo, aquí, en Rocafort, un hermoso pueblo cerca de Valencia.

    Comprendo el entusiasmo admirativo de la prosa de Pepe Tudela por la humanidad, la hondura y el honrado compromiso de Antonio Machado allá donde estuviera. Años después de esta crónica, lo demostraría con intensidad patética. No es frecuente en España que la humanidad se convierta en un don poético. Así lo sentimos muchos aunque algunos se empeñen en tildarlo de beatería.

    Eso es lo que se percibe en Sevilla, en Soria, en Segovia, en Baeza, en Collioure (Côtelliure, como quieren que se denomine por allí). Pocas veces se cita Rocafort. Y sin embargo, aquí derrochó ese don, con las dos Españas ya a garrotazos goyescos, por encima de sus posibilidades físicas y anímicas, ya tan mermadas.

    Dentro de un mes, volveré a Collioure a recoger el libro galardonado con el Premio Internacional de Literatura A. Machado 2010, titulado como a él probablemente le hubiera gustado Tras el vivir y el soñar (Villa Amparo). Aparecerá en edición trilingüe, todo él dedicado a una rememoración poética, y dolorosa, claro, de ese trágico momento.

    ¿Hago publicidad de mi libro? En absoluto. Con toda sinceridad, en absoluto. Solo pretendo hermanar este chalet y este pueblo a la ruta vital, casi calvario, de un poeta que tanto ha emocionado a la historia y la conciencia españolas.

    ¡Cuánta envidia siento -y sentimos aquí unos pocos- de esas ciudades que han sabido respetar y recoger esa memoria!

    Conste aquí, como consta en los paneles de la exposición del castillo de Collioure, que en Rocafort sobrevive una estación entrañable de ese vía crucis existencial. Villa Amparo es, para unos pocos de nosotros, el símbolo de un fracaso colectivo. El poeta mismo, por desgracia, en su mejor esencia. Eso pretendo decir en mi libro.

    ¿Este largo comentario es una llamada de socorro ante las ciudades que han entendido y admirado el legado poético y vital de Machado? Sí, lo es. Ojalá llegue un eco lejano de respuesta a este desierto. Eso sería el definitivo premio a mi voz.

    No es “sano egoísmo”, como decía Pepe Tudela. Es pura tristeza la que sentimos aquí unos pocos por la indiferencia oficial y colectiva.

    Antonio M. Herrera

    • Ángel Almazán
      5 enero, 2011 en 7:35 am

      Gracias por su comentario y aportación para que este blog camine a ser lo que he pretendido que fuera: un lugar de encuentro sobre Machado y no una perorata mía sobre Machado y su vinculación a Soria en la que nadie más interviene. Yo mismo desconocía esa estancia importante de Antonio Machado en Rocafort.

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