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Bosquejo caracterológico de A. Machado a través de sus poemas -1-

Trascribimos en varios posts el ensayo  Bosquejo caracterológico de A. Machado a través de sus poemas escrito por el doctor Manuel Carreras Roca y publicado en  Revista de Soria, Primera época, nº 9, tercer trimestre de 1969, previamente impreso en la revista Medicina & historia: Revista de estudios históricos de las ciencias médicas, nº 55 , mayo de 1969 , págs. 2-16.

El caracter de Antonio Machado segun sus poemas

RETRATO

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara ni un Bradomín he sido
-ya conocéis mi torpe aliño indumentario-;
mas recibí la flecha que me asignó Cupido
y amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
-quien habla solo espera hablar a Dios un día-;
mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habitó,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último viaje
y esté a partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Este autorretrato de Antonio Machado, sirve de lema y frontispicio al trabajo que me propongo realizar sobre sus rasgos temperamentales que se manifiestan, con singular claridad, a lo largo de su obra poética. Y digo temperamentales y no caracterológicos, porque el carácter es, en definitiva, la acción con que la voluntad, el albeldrío y las vivencias personales pueden corregir y modificar las estructuras temperamentales básicas de un individuo, para conformar su personalidad específica.

El estudio de la personalidad es complejo y no se deja encasillar en los esquemas útiles, pero meramente indicativos, de las biotipologías sistemáticas.En todo caso la personalidad específica de un hombre ha de ser objeto, para su correcta interpretación, de una psicología profunda, de un psicoanálisis estrictamente individual. Ya el mismo René La Senne, en cuyo “Traité de caractériologie” me apoyaré, distingue en ésta un sentido “restringido”, que el autor define “como el conocimiento de los caracteres, si se entiende como el esqueleto permanente de las disposiciones que constituyen la estructura mental de un hombre”.

Desde tal punto de vista restringido, la caracteriología responde, pues, más bien, al criterio clásico de temperamento o al de biotipologia, y es en este sentido en el que yo cifraré el propósito de mi estudio.

No es fácil la disección del carácter de un autor, a partir sólo de sus escritos, si no existe un contacto personal previo que permita captar toda la rica complejidad que entraña un conocimiento psicológico profundo. Sin embargo, la obra de Antonio Machado refleja, con singular coherencia, el temperamento de su autor. Sin duda, las manifestaciones temperamentales, cuando se dan con tanta pureza, son, por su mismo esquematismo, más fácilmente captables y aprehensibles y, por tanto, más idóneas para ilustrar un trabajo necesariamente limitado como éste. Antonio Machado es, por otra parte, un digno y valioso ejemplo para demostrar la validez y la importancia de los estudios realizados por René La Senne y su Escuela. Antonio Machado corresponde al “sentimental”, descrito como emotivo, no activo y secundario o de impresiones persistentes. P. Malafert hace de este prototipo un retrato casi exhaustivo (Portrait VIII), del que extraeré los principales aspectos. Procederé previamente a bosquejar las características del temperamento sentimental e ilustraré luego estos esquemas con fragmentos de poemas, entresacados del libro “Campos de Castilla”.

CARACTERISTICAS BASICAS DEL TIPO SENTIMENTAL

Como nota más distintiva, cabe destacar su estado de tristeza permanente y casi insuperable. Y, como cortejo de esta melancolía básica, una sensibilidad moral muy delicada, con un vivo sentimiento de sus debilidades y de sus desengaños, que se avivan y multiplican por una imaginación quimérica difícilmente controlable. Por todas partes halla razones para acongojarse, inquietarse y atormentarse, no solamente por él mismo, sino por todos aquellos que le son queridos. Sin embargo, sufre más por los otros que con los otros. Esta falta de sintonía auténtica le lleva a una disposición anímica por la cual se siente, si no despreciado, poco querido y olvidado. De ahí que presente una susceptibilidad casi enfermiza, de la que nace una tendencia acusada a replegarse sobre sí mismo con sus penas, aislándose en consecuencia, del mundo circundante. Es imaginativo, a veces fantasioso, contemplativo, todo lo cual le hace propenso a la meditación ; otra de sus características.

Su inteligencia es predominantemente subjetiva, es decir, en ella la impresión domina sobre la percepción desnuda. Se le puede considerar incapaz de salir de sí para elevarse al conocimiento científico, puesto que el saber científico se realiza en el conocimiento y manejo de lo concreto, objetivo y extrapersonal. La abstracción pura no es su fuerte, antes se inclina a sutilizar voluntariamente acerca de sus sentimientos, de sus estados anímicos (S. Kierkeggard. Su actividad exterior y de empresa son casi nulas. Recela de los cambios de la agitación de la novedad, de todo lo que rompe el ritmo de una rutina estabilizadora. Es consciente de su impotencia vital ya que no le falta una lúcida, aunque exagerada, conciencia autocrítica. Todo ello aumenta una desazón difícilmente superable.

Tiene ocasionales arranques de energía y concibe firmes proyectos, que al no realizarlos, le suelen hundir, luego, en desolaciones físicas y morales mucho más graves. Completan el cuadro su resignación pasiva, su voluntad poco consistente, su temor a decidir, a tomar partido. Y muchas veces conpensa sus claudicaciones con arrebatos irreflexivos. Es habitualmente tímido, duditativo, irresoluto y débil, y halla mil justificaciones para diferir la acción. La duda suele tornarse obsesiva (Amlet) .

Aunque superados por la sólida armadura de su educación moral y profesional, todos estos rasgos se insinúan y confirman en Machado a través de su obra poética, que analizada psicológicamente, constituye un auténtico diario íntimo. A partir de lo dicho, se puede colegir la psicodialéctica de la conciencia sentimental. Esta se cifra en su constante lucha por la “paz interior”. Como el biotipo sentimental es incapaz de una acción enérgica, diligente y oportuna, trata de remontar las dificultades de su existencia apartándolas y proyectándolas en un plano de perspectiva contemplativa. Entonces, la propia angustia es vivida interiormente como un drama exterior dominado por la contemplación. Así se hace la ilusión de que han objetivado su propia melancolía, como si se tratara de un espectáculo que él ha de interpretar. No obstante este mecanismo defensivo, sigue atado a su propia historia. Esta estrategia le sirve para defender su “paz interior” y ofrece simultáneamente dos frentes : protegerse de las contrariedades, desvalorizando las circunstancias adversas; y atacar su propia angustia a base de someterla a una reflexión autocrítica.

Esta psicodialéctica se hace patente en una multitud de facetas características que a continuación enumero, con la consiguiente ilustración de textos del autor.

El dolor metafísico, su propia vida personal, se convierte en figura simbólica de todas las condiciones generales de “la vida humana ” . Veamos a continuación algunos fragmentos de su poesía, en los que se refleja este dolor metafísico.

Señor de la ruina,
adoro porque aguardo y porque temo:
con mi oración se inclina
hacia la tierra un corazón blasfemo.

………………………

¡Señor, hoy paternal, ayer cruento,
con doble faz de amor y venganza,
a Tí en un dado de tahúr al viento,
va mi oración, blasfemia y alabanza!

Cabe añadir que el Dios del sentimental no es un objeto de entusiasmo y certeza metafísica, sino más bien un oscuro puerto de paz, cuyo faro se entenebrece a cada momento. Otro aspecto de la religiosidad sentimental nos lo ofrece la siguiente estrofa:

¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

en la que el autor no ve la grandeza esperanzadora y gloriosa de la muerte de Cristo, sino que su sensibilidad queda simplemente horrorizada, detenida, pasmada, ante la crueldad del espectáculo, y es incapaz, por tanto, de dar el salto a la trascendencia y al júbilo de la Redención. El hombre es el “ser caído” que, hundido en el cieno de la vergüenza, intenta alcanzar a Dios sin lograrlo.

La felicidad es inasequible. El lugar en el que encontraría la dicha está en un paraíso lejano, lamentablemente perdido, pero que vive perdurable en el recuerdo.

…mas falta el hilo que el recuerdo anuda
al corazón, el ancla en su ribera,
o estas memorias no sol alma. Tienen,
en sus abigarradas vestimentas,
señal de ser despojos del recuerdo,
la carga bruta que el recuerdo lleva.

La poesía de estructura filosófica es otra característica constante del biotipo que nos ocupa. Tiende a expresar, en consecuencia, la imagen
poética en forma sentenciosa, apodíctica. Recíprocamente, el principio social o moral busca el ropaje de la imagen simbólica o la metáfora expresiva.

El hombre sólo es rico en hipocresía.
En sus diez mil disfraces para engañar confía;
y con la doble llave que guarda en su mansión
para la ajena, hace ganzúa de ladrón.

¿Dónde está la utilidad
de nuestras utilidades?
Volvamos a la verdad:
vanidad de vanidades.

A quien nos justifica nuestra desconfianza
llamamos enemigo, ladrón de una esperanza.
Jamás perdona el necio si ve la nuez vacía
que dió a cascar al diente de la sabiduría.

Suele manifestar también una especie de historicismo reflexivo. El presente está como empañado por el recuerdo de otros tiempos más venturosos:

Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua, cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.
 
¡Álamos del amor que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva!

……………………

La madre en otro tiempo fecunda en capitanes,
madrastra es hoy apenas de humildes ganapanes.
Castilla no es aquella tan generosa un día
cuando Mio Cid Rodrigo el de Vivar volvía
ufano de su nueva fortuna, y su opulencia,
a regalar a Alfonso los huertos de Valencia.

……………………

Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora.
En el telón de fondo, la proyección del drama de
hoy contrasta con unos horizontes más luminosos.

… Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.

Una España implacable y redentora,
España que alborea
con una hacha en la mano vengadora,
España de la rabia y de la idea.

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